Seguridad

Cuando los ciberdelincuentes adoptan tácticas de espías

Desde el espionaje clásico hasta el phishing hiperpersonalizado, la línea se está volviendo borrosa. Los hackers de hoy no tienen nada que envidiar a los espías del cine: reclutamiento de «iniciados», manipulación emocional y artimañas de la autoridad, todo es posible para infiltrarse en las redes corporativas.

Existen muchas similitudes entre las tácticas utilizadas por los espías y las utilizadas por los ciberdelincuentes. Ambos dependen del reclutamiento de personas para brindar acceso, voluntariamente o no, a información sensible y confidencial. En el caso de un espía tradicional, el objetivo es permitir a los gobiernos recopilar y analizar información importante para influir en la seguridad nacional y los intereses estratégicos de un país. Asimismo, el objetivo de un ciberdelincuente es obtener credenciales y acceso a una organización para obtener información con fines lucrativos o delictivos.

En realidad, los ciberdelincuentes no inventan nada nuevo; la mayoría de las veces reciclan técnicas de espionaje tradicionales para su propio beneficio.

Hoy en día, es fundamental que las organizaciones sean conscientes de estas tácticas de espionaje y aprendan a combatirlas a diario, incluso integrándolas en su formación en materia de seguridad y estrategias de ciberseguridad.

Estas son algunas de estas tácticas.

El arte de la manipulación

Los ciberdelincuentes han dominado el arte de manipular las emociones humanas, en particular el miedo. Al manipular las emociones a través de mensajes alarmistas, como alertas falsas de cuentas pirateadas, facturas impagas o demandas judiciales, los estafadores empujan a las víctimas a tomar acciones precipitadas.

Estas tácticas de ingeniería social explotan el instinto de reaccionar rápidamente ante amenazas percibidas, engañando a las víctimas para que hagan clic en enlaces maliciosos, descarguen archivos adjuntos peligrosos o proporcionen información confidencial como sus credenciales de inicio de sesión. El miedo es un poderoso motivador y los ciberdelincuentes lo utilizan para eludir el juicio racional y hacer que los individuos más cautelosos sean vulnerables a sus maniobras. Reconocer estos desencadenantes emocionales es esencial para mantenerse alerta y protegerse de sus trampas.

Sesgo de autoridad

El sesgo de autoridad es un fenómeno psicológico que hace que las personas sean particularmente vulnerables a la manipulación a través de correos electrónicos y mensajes maliciosos de figuras de autoridad. Este sesgo surge de la tendencia innata a obedecer las solicitudes o instrucciones de quienes se percibe que tienen poder, experiencia o influencia.

Los ciberdelincuentes escriben mensajes aprovechando este fenómeno haciéndose pasar por gerentes, ejecutivos u otras figuras de autoridad, lo que crea una sensación de urgencia u obligación. Por ejemplo, un correo electrónico que parece provenir de un director ejecutivo puede solicitar información confidencial o acción inmediata explotando el deseo del destinatario de complacer y no decepcionar a alguien en una posición de autoridad. El miedo a las repercusiones o el instinto de obedecer órdenes sin cuestionar pueden anular el pensamiento crítico, haciendo que las personas sean más vulnerables a estafas de phishing u otras formas de ingeniería social. Esto resalta la importancia de fomentar una cultura de escepticismo y capacitar a los empleados para verificar las solicitudes, incluso aquellas de fuentes confiables, antes de actuar.

Juega con las emociones

Al igual que los espías, los ciberdelincuentes se han vuelto expertos en jugar con las emociones de sus objetivos. Explotan su codicia creando mensajes atractivos que prometen recompensas financieras o ofertas exclusivas, engañando así a las víctimas para que hagan clic en enlaces maliciosos o compartan información confidencial. Del mismo modo, explotan la ayuda haciéndose pasar por colegas, amigos o figuras de autoridad en apuros, creando una sensación de urgencia que debilita las defensas y fomenta la acción rápida y precipitada. Al combinar manipulación emocional e ingeniería social, estas tácticas engañan eficazmente a las personas y allanan el camino para los ciberataques.

Los ciberdelincuentes también aprovechan el exceso de confianza, la rutina y la complacencia para llevar a cabo sus planes. Muchos creen que son invulnerables a las trampas de las estafas: escanean rápidamente sus correos electrónicos o confían excesivamente en las medidas de seguridad de su organización, lo que reduce su vigilancia. Los ciberdelincuentes aprovechan esta falla imitando comunicaciones familiares (solicitudes comerciales, avisos de seguimiento de paquetes, etc.). Utilizando IA, personalizan estos mensajes en función de la actividad en las redes sociales y el comportamiento en línea, lo que hace que sus correos electrónicos de phishing sean extremadamente persuasivos. Estos mensajes personalizados hacen referencia a detalles específicos, como compras recientes o hitos profesionales, lo que los hace auténticos y aumenta las posibilidades de participación.

El arte de… ¡no hacer nada!

El mejor consejo para las personas que pueden ser víctimas de tácticas de espionaje por parte de ciberdelincuentes, en su vida profesional o personal, es no hacer nada cuando se ven profundamente afectados por recibir un correo electrónico o una llamada telefónica.

Al recibir un correo electrónico o mensaje potencialmente malicioso y urgente, es importante resistir la tentación de actuar de inmediato. Los ciberdelincuentes suelen aprovechar la urgencia para eludir decisiones racionales, lo que provoca acciones apresuradas como hacer clic en enlaces maliciosos o compartir información confidencial. Tomarse el tiempo para verificar la autenticidad de un mensaje puede marcar la diferencia entre ser estafado y mantener su seguridad personal o la de su organización.

Pasos simples como verificar la dirección de correo electrónico del remitente o contactarlo a través de un canal confiable pueden ayudar a confirmar la legitimidad.

Al elegir la precaución en lugar de la velocidad, las personas pueden protegerse a sí mismas y a sus organizaciones de ataques de phishing y otras amenazas cibernéticas.
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Par Sébastien WeberVicepresidente Regional de Ventas, Sur de Europa chez mimecast

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