El perímetro ya no resiste frente al teletrabajo, BYOD, proveedores de servicios y Shadow IT. Una sola conexión está comprometida y el atacante deambula de lado como si estuviera en territorio conquistado. La respuesta es una cultura de acceso: decisiones en tiempo real, basadas en el contexto y no en la pertenencia a la red. Iluminación…
Las lecciones del último barómetro CESIN confirman una realidad persistente: el trío de phishing, explotación de vulnerabilidades y ataques a través de terceros sigue siendo el vector dominante de los ciberataques, con el robo de datos como principal consecuencia en el 52% de los casos. Esta observación resalta los límites de la seguridad perimetral donde el acceso a la red sigue siendo con demasiada frecuencia una cuestión de confianza ciega.
En un entorno de trabajo fragmentado, el desafío ahora consiste en afinar el control según el perfil de cada usuario.
Aquí es precisamente donde la arquitectura SASE entra en juego. Si bien SASE es hoy un pilar bien conocido de la arquitectura de red y nube, con demasiada frecuencia la atención todavía se limita únicamente a las cuestiones de infraestructura. La seguridad es tan crucial, desde los cortafuegos hasta las capas de inspección, como lo es el borde. Esto incluye SD-WAN, enrutamiento de paquetes y métodos de conexión y ubicación del usuario.
Estos elementos son, por supuesto, esenciales. De hecho, es imposible implementar seguridad de próxima generación si no se pueden neutralizar las amenazas y aplicar reglas antes de que los datos lleguen a la red o a las aplicaciones en la nube. Sin embargo, el aspecto “Acceso” del acrónimo suele recibir menos énfasis, aunque constituye el elemento diferenciador de la arquitectura SASE. Sin embargo, rige todo el contexto de conexión: desde la identidad del usuario y su terminal hasta el destino, el tiempo y su objetivo.
El acceso ya no es una simple puerta
Durante mucho tiempo, el acceso fue un medio de entrada o salida utilizado por todos, empleados o colaboradores externos, confiables o no. Sin embargo, hoy en día las empresas son demasiado complejas para aplicar esta visión. Emplean empleados que teletrabajan, utilizan proveedores externos, aplican políticas BYOD y enfrentan la expansión de Shadow IT, prácticas todas que introducen nuevos riesgos.
Sin embargo, la mayoría de los modelos de acceso no han evolucionado ya que el razonamiento detrás de ellos sigue siendo el mismo. Por lo tanto, cualquier persona con las credenciales correctas, es decir, nombre de usuario, contraseña y posiblemente un código de autenticación multifactor, puede acceder a la red y beneficiarse de un acceso ampliado basado en una suposición obsoleta: “cualquiera que esté conectado a la red es, por definición, digno de confianza.» Un principio de alto riesgo cuyos fallos se explotan a diario: los ciberdelincuentes roban credenciales, explotan la vulnerabilidad de las VPN y se mueven lateralmente después de penetrar en la red. Si el acceso no está vinculado a la identidad, el comportamiento y el riesgo, sólo hace falta una conexión comprometida para abrir la puerta a todos los peligros. El contexto es importante, ya que el acceso debe reflejar el riesgo, el comportamiento y el entorno.
Aquí es donde entra en juego la noción de conciencia. No se trata sólo de saber quién es el usuario, sino también de saber cómo, dónde y bajo qué condiciones desea acceder a la red. Este enfoque requiere repensar no sólo cómo se otorga el acceso, sino también cómo se define en función de tres variables clave. Se trata de evaluar primero el estado de gestión de los dispositivos, luego calificar la naturaleza de los destinos según estén aprobados o desconocidos y, finalmente, verificar la pertenencia real de los usuarios a la empresa. No es raro crear cuadros técnicos recomendando un tipo particular de acceso para cada combinación de dispositivos, destinos y personas.
“Personas” para facilitar el acceso
Para que sea útil, una recomendación debe expresarse de manera que toda la empresa pueda entenderla. Aquí es donde reemplazar los gráficos técnicos con mapas de personas puede marcar la diferencia.
Ya sea un directivo que utiliza un smartphone no gestionado, un empleado que utiliza un terminal compartido o un subcontratista externo, todos necesitan un acceso específico, lo que también conlleva riesgos específicos. Las personas permiten adaptar las reglas a esta realidad alineando los medios de control con la forma en que realmente trabajan las personas y garantizando una protección más inteligente y adaptativa. Las reglas reflejan roles comerciales más que atributos técnicos.
También hay que reconocer que, en caso de incidente, la formación teórica realizada varios meses antes pierde toda su eficacia. Por el contrario, el apoyo interactivo e inmediato transforma el error potencial en un momento de aprendizaje concreto. Este enfoque de “coaching en tiempo real” permite modular la respuesta de seguridad con gran precisión en función del contexto.
Así, ante un riesgo elevado, el sistema interrumpe inmediatamente la acción mientras proporciona una explicación educativa para concienciar al usuario del peligro. Cuando el riesgo es moderado, el sistema favorece la rendición de cuentas pidiendo al usuario que confirme o justifique su planteamiento antes de continuar. Por último, para situaciones de bajo riesgo, el acceso sigue siendo fluido y autorizado, al tiempo que se garantiza una trazabilidad rigurosa mediante el registro y la notificación sistemáticos.
Este entrenamiento en tiempo real fortalece la postura de seguridad de la empresa sin obstaculizar en ningún momento la productividad de los empleados. Al establecer este diálogo continuo, la seguridad se vuelve más intuitiva y más humana. Esta vigilancia adaptativa acompaña paso a paso a cada usuario, permitiendo ajustar los niveles de confianza de forma proactiva en función de cada interacción.
Pasar de las reglas a los riesgos reales
«Comprueba, confía y sigue comprobando.» Esto es lo que permite el enfoque de confianza adaptativa continua, donde las decisiones puntuales son reemplazadas por una evaluación continua. En lugar de otorgar acceso una vez y asumir que todo está bien, la confianza se reevalúa y actualiza continuamente, con niveles de confianza ajustados en tiempo real. Estos cambios están impulsados por señales como la postura del dispositivo, el riesgo de la aplicación, el comportamiento y la ubicación de la conexión.
Gracias a este análisis contextual, el sistema determina con precisión el nivel de confianza a asignar en cada momento. Para visualizar este mecanismo, debemos imaginar un embudo donde estas señales convergen para desencadenar una respuesta gradual: dependiendo de la situación, el sistema puede decidir autorizar el acceso, restringirlo o redirigir al usuario a un entorno específico. En un enfoque más educativo, también puede optar por apoyar la acción con un consejo de seguridad o, si el riesgo es demasiado grande, negar el acceso por completo. Este proceso de verificación no se limita a la fase de autenticación inicial. Permanece activo mientras dura la sesión, garantizando una protección constante mientras el usuario esté conectado.
Más que una tecnología, una nueva cultura de acceso
Dado que las formas de trabajar evolucionan constantemente y las amenazas que enfrentan las organizaciones, el enfoque de acceso debe evolucionar a la par. Esto implica no sólo perfeccionar las autorizaciones o reforzar los controles, sino también repensar la base real de la seguridad corporativa. A medida que las empresas pasan de un modelo rígido basado en roles a personas reales, el acceso se convierte en el punto donde todo converge. Es el hilo común que conecta la identidad del usuario, la postura del dispositivo, el comportamiento y la intención de la aplicación, antes de transformarlos en decisiones en tiempo real.
Esto es sólo el comienzo. La próxima fase de SASE estará marcada por señales más inteligentes, conocimientos predictivos y una mejor coordinación entre los equipos de red y seguridad, lo que permitirá anticipar los riesgos en lugar de reaccionar ante ellos. El enfoque Zero Trust es una práctica más que una adquisición, que permite a las personas adecuadas acceder a los recursos adecuados en el momento adecuado y por los motivos adecuados. El SASE es la herramienta que te permite adoptar este estado de ánimo.
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Par Steve RileyVicepresidente y CTO de campo de netscopio
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