La soberanía digital es concreta: saber dónde están sus datos, quién accede a ellos y cómo reiniciar cuando se estropea. La confianza cero, la detección/respuesta, la ciberhigiene y la modernización de los entornos se están convirtiendo en los pilares de una resiliencia creíble.
Los datos ahora ocupan un lugar central en el funcionamiento de las empresas: informan las decisiones, mejoran los servicios, fortalecen el desempeño y respaldan la innovación. En un contexto marcado por la intensificación de las ciberamenazas, la multiplicación de las regulaciones y la generalización de las arquitecturas cloud y multicloud, el control de los activos digitales se perfila hoy como una cuestión de soberanía y constituye una ventaja competitiva decisiva. Esta conciencia está claramente progresando, ya que muchas organizaciones francesas reconocen que la soberanía influirá cada vez más en sus elecciones tecnológicas y en sus criterios de selección de proveedores.
Problemas y desafíos para la resiliencia y el control operativo
Para las empresas francesas, la soberanía de los datos significa, en primer lugar, la capacidad de mantener el control de sus activos estratégicos. Implica garantizar el cumplimiento dentro de un marco regulatorio denso, garantizar la continuidad de las operaciones incluso en caso de un incidente, fortalecer la confianza de los clientes y socios y limitar las dependencias tecnológicas que puedan crear situaciones de bloqueo. Sin embargo, persiste una brecha: pocas empresas evalúan realmente su dependencia de soluciones extranjeras, lo que demuestra que la soberanía no es sólo un concepto político, sino una cuestión empresarial concreta.
Para ejercer un control efectivo sobre sus activos digitales, las organizaciones deben articular tres dimensiones complementarias: la soberanía de los datos, que consiste en controlar el acceso, la ubicación, los flujos, el cifrado y toda la cadena de procesamiento; soberanía operativa, que garantiza una visibilidad completa sobre infraestructuras, aplicaciones y cargas de trabajo, independientemente de los entornos utilizados; y soberanía técnica, que asegura la independencia suficiente para evitar la dependencia de un único proveedor y garantizar la portabilidad de los sistemas. Juntas, estas palancas aseguran las operaciones, reducen los riesgos y aumentan la agilidad.
Las organizaciones operan dentro de un marco regulatorio exigente pero estructurante (RGPD, Ley de Protección de Datos, Ley para una República Digital, NIS2, Ley de Datos, DORA) que rige la protección de datos personales, la seguridad de la infraestructura y la transparencia del procesamiento. El objetivo de estos textos no es complicar la actividad, sino proporcionar una base clara, coherente y progresiva para estructurar la gobernanza. Sin embargo, casi la mitad de las empresas (49%) aún no han definido un plan de acción para cumplir con las nuevas obligaciones.
A pesar de esta conciencia, la implementación operativa sigue siendo compleja. Los datos circulan entre numerosos servicios, se replican en múltiples entornos y, en ocasiones, escapan a la visibilidad de los equipos. Las arquitecturas de múltiples nubes y las tecnologías de punta fragmentan aún más la gobernanza, mientras que las obligaciones regulatorias se fortalecen, lo que obliga a los equipos a equilibrar la seguridad, el rendimiento, la continuidad y la optimización de los recursos. Sin una visión integrada, estos desafíos ralentizan los proyectos, aumentan los riesgos y obstaculizan la innovación.
Cómo las empresas pueden recuperar el control
Para fortalecer de manera sostenible su resiliencia digital, las organizaciones deben activar varias palancas simultáneamente. Deben modernizar sus infraestructuras obsoletas, adoptar arquitecturas de nube seguras, implementar una gobernanza Zero Trust para limitar los movimientos laterales, fortalecer la higiene cibernética e integrar evaluaciones de seguridad periódicas.
También es su responsabilidad desarrollar capacidades internas de detección y respuesta a incidentes, invertir en capacitación continua para reducir el riesgo humano, fortalecer la cooperación con instituciones y socios públicos o privados para compartir amenazas, experiencia e innovaciones, y optimizar la asignación de presupuestos cibernéticos dirigiéndolos hacia las áreas más críticas, como la respuesta a incidentes, la seguridad de la identidad y la modernización de los entornos digitales.
La soberanía digital ya no es un objetivo teórico: ahora constituye una condición esencial para la competitividad, la confianza y la resiliencia de las organizaciones. Si la concienciación es real, su implementación sigue siendo demasiado lenta. Al recuperar el control sobre sus datos y activos digitales, las empresas francesas refuerzan su independencia, aseguran sus operaciones y se dotan de los medios para evolucionar con mayor libertad y control en un entorno en constante cambio.
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Par Farah Choukianalista empresarial en Administrar motor.
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