Los ciberataques contra infraestructuras críticas, en particular los servicios públicos, han dado un giro preocupante. Si en el pasado los atacantes se centraban en el robo de datos, estamos ante una nueva era de disrupción y las consecuencias son mucho más graves. Los recientes ataques a la infraestructura energética danesa y el infame ataque al Colonial Pipeline han puesto de relieve la fragilidad de nuestros sistemas vitales. En este contexto, los operadores de servicios públicos deben cambiar su enfoque y priorizar la ciberresiliencia.
Está claro que la era en la que los ciberataques consistían únicamente en robar información confidencial ha terminado. Ahora, los malos actores recurren a tácticas de disrupción masiva, poniendo a las empresas en situaciones en las que no tienen más remedio que ceder a sus demandas. Esto es particularmente cierto en el sector de servicios públicos, donde la obsolescencia de la infraestructura y la creciente sofisticación de los atacantes complican la respuesta. Esta mayor vulnerabilidad debe impulsar a los operadores a adoptar un enfoque estratégico y proactivo.
Ciberresiliencia: una respuesta imprescindible
La primera lección que se puede aprender de esta evolución de las ciberamenazas es simple: ya no es posible prevenir todas las violaciones. Las empresas de servicios públicos deben aceptar esto y concentrarse en poder resistir los ataques y recuperarse. Aquí es donde reside la ciberresiliencia. La idea no es eliminar completamente las amenazas –un objetivo poco realista– sino mitigar su impacto y garantizar la continuidad de los servicios, incluso en situaciones de crisis.
Esta transición requiere un cambio de paradigma. La ciberresiliencia depende de la preparación estratégica, garantizando que la infraestructura no sólo pueda sobrevivir a un ataque sino también recuperarse rápidamente. Esto significa adoptar medidas de seguridad de múltiples capas más sólidas y tener una mayor visibilidad de los sistemas para identificar vulnerabilidades de manera temprana.
Proactividad y regulación: aliados imprescindibles
La ciberresiliencia también requiere un enfoque proactivo. Es fundamental que las empresas de servicios públicos no esperen simplemente lo inevitable. Al anticipar los riesgos e implementar soluciones de seguridad avanzadas, pueden reducir significativamente su exposición a las amenazas. Además, deberían basarse en marcos de gobernanza como los propuestos por elTRAMPA o el CLUSIFque proporcionan orientaciones claras para reforzar la seguridad.
La adopción de directivas como NIS2 en la Unión Europea también sirve como recordatorio de que sobrevivir a un ataque no debe dejarse al azar. La segmentación Zero Trust, diseñada para limitar la propagación de infracciones, está emergiendo gradualmente como un enfoque eficaz para fortalecer las defensas.
Una visión estratégica para el futuro
Por último, para garantizar una resiliencia duradera, los equipos de seguridad deben recibir apoyo en sus decisiones estratégicas. Deben ir más allá de la simple búsqueda de soluciones tecnológicas y centrarse en medidas estructurantes, alineadas con una visión clara y de largo plazo de la ciberseguridad.
El panorama de amenazas está evolucionando y, con él, la responsabilidad de los servicios públicos de garantizar que la seguridad esté a la altura de los desafíos. Los ciberataques se han convertido en una amenaza existencial para los sectores que sustentan nuestra vida moderna; con la proximidad del invierno y la inestabilidad económica global, las empresas de servicios públicos se han convertido en el objetivo principal de los atacantes. Sólo una estrategia de ciberresiliencia bien pensada permitirá a las organizaciones no sólo sobrevivir a los ataques, sino también emerger más fuertes.
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Par Mario MassardIngeniero Senior de Seguridad EMEA en Illumio
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